lunes, 2 de junio de 2008



De los Emigrados


Vestida de tela, desabrigada de patria,
anduve sorteando charcos por una Capital pluviosa.
En tierra de tantos, con el tronco amputado,
dirigí mi retazo de raíz hacia donde reposan los emigrados.
La negrura del cielo refrescaba mi nostalgia,
apenas a hora y tres cuartos de finalizar un fatigoso año.
Sí. Un año cruel y despiadado…
desprendido de desgracia miseria y depresión.
Las calles se prestaban sonoras y adornadas.
Los transeúntes hablaban sílabas rítmicas y afinadas,
a conjunto con sus compras y ornamentos.
Apenas a hora y tres cuartos de finalizar un año.
A contrarreloj del hueco de mi estómago que permanecerá abierto,
poniéndome de frente el eco ahogado de unos cánticos navideños.
Suicido parte de los recuerdos mientras busco asilo en las vísceras de este gentil lugar.
Cual desplazada soy, aquí también, se le aparta la carcasa al pavo,
y luego lo saturan, por no dejar hueco…
ni los condenados a saciar placeres en estos ágapes con dueño,
deben ofrecer el vientre vacío.
Mis zapatillas jadeantes mueren frente a una callejuela,
desciendo pues descalza por la escalera más fría, asotanada y chirriante del lugar;
aún me alberga la esperanza de encontrarles,
de hallar a mis camaradas sin nombre.
Y, al menos, en esta noche, dar muerte a mi lagrimal de goteo permanente.
Golpeo expectante el umbral de mi recogida,
apenas a hora y tres cuartos de finalizar el año.
Y al preguntarme quien era…
- Respondí: Soy la franca mirada que se castiga por avizorar este mundo.
Y salió el sol envolviendo a todo un escenario,
y me hablaron dos Estrellas…
Allí permanecí esa hora y tres cuartos hasta finalizar el año.
Ahora, apenas busco respuestas,
sólo vendarme de Salvación… Libertad.

Madrid, 2 de Junio de 2008
Cristina García Barreto.


Dedicado a un magnífico Actor y amigo: Eduardo Toledano.