lunes, 20 de febrero de 2012

“Pre…Meditar”

Raquel acude por primera vez a una clase de yoga, en realidad se trataba de un taller intensivo de relajación, de hallar el silencio interior. Observa con qué facilidad meditan los allí presentes. A ella le resulta impracticable, sus pensamientos imposibilitan que se relaje. El maestro se percata de su conducta pero decide pasarla por alto − al menos de momento −. Al cabo de una semana, Raquel sigue sin poder hacer un solo ejercicio correctamente, no logra adquirir las posturas apropiadas y su pecho parece envuelto por un corsé de acero, por lo cual, tampoco respira adecuadamente.

Al finalizar la clase el maestro le pide que se quede para hablar con ella. Le pregunta: Raquel − ¿sabes en qué consiste el yoga?− Esta le responde: − supongo que en aprender a relajarme a través de los ejercicios y la respiración −. − Verás alumna, yoga (del sánscrito ioga) se refiere a una tradicional disciplina física y mental
que se originó en la India, lugar dónde aprendí este arte. Llevas una semana en mi taller y pese a mis indicaciones y el enorme espejo que ocupa todo el frontal del aula donde fijan la mirada tus compañeros y desde el cual te contemplo me he percatado de que posees una conducta anegada y que, además, distrae al grupo. Dime: ¿qué te ocurre? Eres joven, tienes compañeras de ochenta años que ponen todo su empeño y lo hacen bien −. Raquel se siente intimidada, avergonzada e incluso regañada. El oxígeno no le llega a la cabeza, toma aire y responde: − maestro, los pensamientos y las imágenes mentales no me dejan meditar; cuando se van unos instantes, regresan con más fuerza. No puedo meditar. No me dejan en paz −.

El maestro le dice: − mañana sábado nos vemos en el parque del Retiro. Te espero a las nueve de la mañana, procura desayunar cinco piezas de fruta, nada más. Y no admito la mínima negación por tu parte. No me preguntes por qué −.

Raquel se dio la vuelta con un giro que levantó la más ínfima partícula de motilla del suelo. Estaba indignada. Al llegar a su casa se atiborra de ansiolíticos mezclados con Glenfiddich. Tan solo el hecho de pensar que debía madrugar, tomar fruta − de la que además no disponía − y coger el metro, le llevan al borde de una lipotimia sumada a un ataque de ansiedad. 

Llegó el sábado, cuando despierta eran las doce treinta del medio día. Era tal su desesperación que vuelve a tomar ansiolíticos esta vez sin whisky pues lo había terminado, pero recurre a una botella medio llena de Bombay Sapphire.

Cree escuchar el timbre de su puerta, se mete en la cama. El timbre volvía a sonar reiteradamente. Se levanta, por la mirilla ve al maestro. Regresa a la cama. El maestro sigue insistiendo ya no únicamente pulsando el timbre sino golpeando con fuerza la puerta.
Raquel se siente ausente, su boca − hace ya tiempo − le negó cualquier sonrisa, solo traga en silencio palabras de fuego y jamás ha querido que nadie alcanzara a llamar a su pórtico. Eso le parece inadmisible. Está arraigada a los gritos de soledad que batean sus oídos. Consume los días sin aprovecharlos, no era un inútil pretexto de lo que inevitablemente le había ocurrido. Porque algo le llevó a abrazarse al hielo.

Tras dos horas sin escuchar ningún toque, parece que las estrellas dejan de explosionar en su cabeza. El día va oscureciendo. Y ella se esconde nuevamente entre sus sábanas.

Al cabo de dos horas, vuelven las llamadas más resonantes e ininterrumpidas.

Raquel se dirige hacia la puerta de puntillas, observa a través del ventanillo y ve al maestro. En ese día se siente como si hubiese muerto el anterior. ¿Sería aún posible devolverle la vida?

Está tan agobiada por lo que ya parece inevitable que decide abrir la puerta.

El maestro le dice: − mi experiencia me ha llevado a comprender que no soy inmune al sentimiento y sé que necesitas ayuda. Mírate al espejo y dime si no sientes rechazo por tu aspecto −.

Ella le mira con ira y le responde: − hace mucho tiempo que tengo pesadillas −.

El maestro entonces le dijo: − de acuerdo. Ahora sostén en tu mano esta daga. Siéntate y medita −. Ella obedece. Al cabo de un rato el maestro le ordena: − ¡deja la daga!− Raquel así lo hizo y la daga obviamente cayó al suelo. Mira a su maestro con odio contenido y éste le pregunta: − ahora dime quién sustentaba a quién, ¿tú a la daga, o la daga a ti?− Ella invita al maestro a que pase a su estancia más privada.

Una vez en su despacho, el maestro contempló que todas las paredes estaban empapeladas de títulos profesionales de su alumna tales como: karate, yoga, goshin-defensa personal, artes marciales mixtas, wing chun, ken jutsu, kick boxing, aikido, jiu-jitsu, taekwondo, hapkido, kung-fu, wu-shu, ninja, kendo, tai-chi, muay-tai, judo… 

Raquel se desviste y le muestra al maestro el horror de su cuerpo repleto de cicatrices. Coge la daga y le hace una incisión en el pecho luego le interroga: − ¿no recuerdas que yo fui tu maestra y te puse el mismo ejemplo? ¿No recuerdas que por intentar salvarte la vida casi me matas? ¿No lo recuerdas? − El “maestro” nunca supo que era ella debido a la cirugía plástica en su cara. Él le suplica encarecidamente que deje la daga, que lo lamenta muchísimo y que, por aquel entonces, cuando ella rechazó sus súplicas de amor, enloqueció. 

Raquel le dejó una cicatriz en todo el torso con su nombre y le dijo: − este es el pacto de sangre que juré y ahora sí olvidarás quien fui porque ya no soy −. 

Seguidamente Raquel llama al que fue su maestro en India, muy decidida le comenta: − regreso, ya respiro. Gracias por impartir clases a mis alumnos durante mi ausencia −.


Madrid, febrero de 2012
cristina garcia barreto


15 comentarios:

Cris Gª. Barreto dijo...

Queridos amigos:

En ocasiones, para cerrar las heridas, es preciso un pequeño ajuste de cuentas para poder volver a "respirar"...No hablo de venganza y dejo el comentario abierto a muchas situaciones, sabéis que es una metáfora pero no por ello, carece de interpretación

Besos de todo corazón. Cris.

20 de febrero de 2012 21:13

20 de febrero de 2012 21:20

Antonio Sosa dijo...

Bueno Cris, es un relato que me parece muy bueno, me hace sentir la necesidad de continuar leyendo para saber qué sigue. Qué bueno que tocas el punto de la venganza, que aunque podría así interpretarse, también podriamos verlo como el cierre voluntario y definitivo de un pasado. Saludos y felicidades.

Manu Cueva. dijo...

Brillante trama, Saludos intrigados por la intriga que me a quedado con el final.

anabel1 dijo...

tu blog excita mi intelecto, gracias... un saludo(te tengo en mi blogoteca)

Anónimo dijo...

Querida Cris:

Creo que en la vida hay muchas maneras de meditar, muchos lugares para hacerlo, y muchas experiencias que nos llevan a ella, a la meditación.
A veces, más que una meditación es una planificación y el trazo de un itinerario que nos mete en un círculo cerrado, en el que el principio y el fin, se confunden.
¿Meditar, reflexionar? Includso se puede hacer de manera obsesiva cuando las heridas no cicatrizan del todo. Y cuando las obsesiones se convierten en nuestro único pensamiento, quizá la salida sea, acudir de nuevo al principio.

Me ha gustado mucho tu relato, me parece muy inteligente y mucho más profundo de lo que a primera vista parece. Enhorabuena, Cris.

Recibe un abrazo muy fuerte.

Tu amiga, Mª Jesús

Mila Aumente dijo...

Querida Cris. Solo pensamos en vengarnos cuando todavía existe dolor. Ambas cosas son muy malas para la mente y el corazón humano.Creo que es de personas inteligentes huir de esos sentimientos. Te comento esto como reflexión a tu fantástico texto y te felicito, una vez más, porque nada de lo que escribes me deja indiferente.
Un besito.

Cris Gª. Barreto dijo...

Estimado Antonio:

Hablemos más de cierre necesario de un pasado que de venganza.
El texto queda abierto a la interpretación del lector.

Gracias mil por tu acertado comentario.

Abrazos, Cris.

Cris Gª. Barreto dijo...

Mi estimado Manu:

Toda la intriga queda a tu imaginación.

Gracias amigo por tu aportación a este espacio, que es tuyo.

Un abrazo,
Cris.

Cris Gª. Barreto dijo...

Hola Anabel1:

Bienvenida a esta tú casa.

Bonitas palabras me dedicas, pasaré por tu espacio.

Gracias.

Abrazos,
Cris.

Cris Gª. Barreto dijo...

Mi estimada María Jesús:

Cuando estás media vida intentando cerrar un círculo, tal vez, la manera de hacerlo es siguiendo los instintos de Raquel. Yo no sé si es venganza. Bien sabes que los escritores vamos más allá de lo que se pueda interpretar. No obstante el texto está abierto y, una vez leído por el lector cabe cualquier interpretación.
No soy partícipe de las venganzas pero mi maquinaria creativa os podrá llevar a cualquier lugar. De no ser así qué pintaría.
Tu comentario, como siempre encomiable, bendita inteligencia la tuya, absolutamente plausible.

Gracias cielo por estar.
Tu amiga incondicional, Cris.

Cris Gª. Barreto dijo...

Mi querida Mila:

Si a ti te matasen a un hijo -pongo por ejemplo- te parecería de poca inteligencia vengarte? Mira esto es complicado. En ocasiones se debe cortar por lo sano, pero ojo, lee lo que le respondo a nuestra amiga María Jesús, esto no es empírico. Los escritores debemos poner al lector en tela de juicio, dejar que su imaginación despierte y, a ser posible entretenerle, pero no con maripositas de colores ni tonterías que es lo que escribe la mayoría de los "escribidores caseros". Tú en esto eres como yo. Tu literatura es más condescendiente, pero muy buena. Yo soy de otro estilo y la venganza existe, pero no por ello se debe asociar al escritor con ella, pues cuando leas otro relato que he escrito te pude dar un espasmo.

No sabes cuánto celebro verte por aquí, eres una gran persona y maravillosa escritora.

Besos mil, Cris.

Emilio Porta dijo...

Yo creo que el relato tiene dos aspectos: forma y contenido. La Literatura es solo Literatura cuando la forma es la adecuada al contenido, cuando lo convierte en arte. Es, exactamente, lo que ocurre en este relato. No me importa tanto la interpretación de cada lector, como el estilo de lo escrito y el modo en que nos va acercando a un final abierto - interpretable - y que, en cualquier caso, es de una enorme belleza, además de contener elementos que nos enseñan cosas, como esa enumeración exhaustiva de artes marciales. Hay mucho de búsqueda de la claridad en este relato, por tanto, de reflexión, algo que yo valoro especialmente; y también de intento de catarsis (toda escritura lo es siempre para el escritor). No me parece que la venganza sea más que algo simbólico y en ese símbolo está, además, el elemento de cierre y cambio que toda terapia ( o autoterapia ) conlleva. En definitiva: muchos elementos positivos y muchos elementos de calidad y originalidad en esta entrada que, considero, es menos importante explicar que aplicar. No es solo un juego de palabras. Es que la Literatura no es una fórmula, una figura geométrica cerrada. Aquí hay, se ve en cuánto se leen dos líneas y se confirma cuando se lee al completo, una autora. Una escritora especial que, si nos deja, más adelante, páginas como ésta - además del espléndido camino ya andado - sin duda llegará a ser considerada como una de las mejores narradoras del panorama actual. Muy bien, Cris, realmente un magnífico trabajo.

Mila Aumente dijo...

Querida Cris, si me mataran a un hijo mi dolor sería eterno y, por consiguiente, mis deseos de venganza también. Eso significaría morir en vida. La pena de la perdida jamás se prodría suavizar mientras sintiera esos deseos de venganza. Es un tema complicado y solo el corazón de una madre, en esas circunstancias, entendería de ese sufrimiento.

Sigue escribiendo estos maravillosos relatos, para deleite de todos los que te leemos.

Besitos.

Cris Gª. Barreto dijo...

Mi querido Emilio:

Tú bien sabes que si todo lo que escribimos es empírico, no tendríamos imaginación. El lector lee o mal lee y piensa que un texto puede ser muy cruel. Yo no voy a reverdecer el seco campo en pleno febrero, que, por cierto, hoy he estado contemplando pura "paja" y un río que en su afán de hacerse notar, pese al poco flujo de la correinte, pegaba con fuerza a las piedras. Así soy yo, otra corriente que pega a las piedras para que despierten. Jamás escribiré con palabras rebuscabas, ésas que cargan un árbol de navidad...Y, al final, no dicen nada, porque carecen de estrella. Este es el panorama actual literario más plausible, para mí, el peor. Pero que sigan los cantos rodados puliéndose en la sabiduría de los tropiezos.

Debo agradecerte tu entrada. Realmente has añadido más agua a la sequía, y yo, la envío a lo ríos, a su corriente, pese a provenir de alguien tan genial y poco corriente como tú.

Besos cielo, Cris.

26 de febrero de 2012 20:52

Cris Gª. Barreto dijo...

Mi queridísima Mila, así es.

Debemos entender muchas cosas, empíricas o no. Estamos en el mundo y sabemos lo que en él trasciende, por lo tanto mis relatos, portadores de mucha metáfora, intentan abrir los ojos, solo eso.

Celebro y te agradezco de todo corazón esta réplica tan encomiable.

Gracias cielo.

N-.Hace poco me pasé por tu espacio no vi nada nuevo publicado, volveré a pasar.

Besos mil, Cris.