miércoles, 15 de octubre de 2008



El deceso de la Esperanza

¿Quién deja al litoral desnudo
a riendas de un mar salado de deceso?
¿Quién olvida un lirismo placentero
por la prosa fría,
sin sentir impotencia en sus manos?
¿Quién encauza al viento y pone rumbo
a los desamparados de este Mundo?
A esas voces calladas de servidumbre
que se enfrentan a sus propios huesos,
por huir del tótem de su miseria.
Y alejan su amor,
ya polizón en la garganta de sus tierras.
Esos que hacen travesías en cayucos.
Y que luego arañan sentimientos de añoranza
al no verse en tierra prometida.
¿Quién deja al litoral desnudo
a riendas de un mar amargo de deceso?
¿Quién olvida un lirismo placentero
por la sangre del hombre que arriba
muerto al puerto?
¿Quién encauza a los pueblos por acoger
a toda esa sangre condenada?
¿Dónde queda la esperanza?
Si el destino les cruza las frentes
de sangre y ceniza.
En tanto los desahogados,
se llenan de florituras que no
rozan la morralla.
¡Qué pena de esfuerzo!
¡Qué infausto destino!
¡Qué hendidura en el Alma Solidaria!
¿Cómo amputar de raíz a tanta injusticia
plantada en la madre tierra,
sin que surjan nuevas siembras que germinen
de rizomas más insufribles?


Madrid, 2 de octubre de 2008
Cristina García Barreto