jueves, 3 de septiembre de 2009


Tiempo caduco

Tropiezan las estrellas sobre los tejados.
Pintando de plata con la luna sus hogares.
En breve, el eco de las zapatillas invadirá
las orillas de las camas
abandonando una jornada rendida y caduca.

Los cabellos grisáceos se apresuran al sueño,
tras pensamientos lacados de sabiduría
en tanto pesan a gramos los días que van pasando.

Los sabios de la vida se ciñen a rastrear
la ruta que le dibujan los astros
y premian cualquier caricia que sople del Ártico.

¿Contarán cuántas noches como ésta se desvanecen,
o pensarán que la confusa luz de sus mentes
hacen trazos sobre humo de tabaco?

Sus ingentes lentes, tal vez, sólo descubran
la esmeralda mirada de alguna antigua alumna,
aquélla que sólo pudo ver fantasmas en su aprendizaje
al sentir que los enigmas se negaban a acercarse.

Alumnos dejaron sus clases por no oír al chiflado profesor
hablar de poesía, de temor y de Dios o Darwin
como teoría de la creación.

Son arcones de acero los que encierran
corazones de vidrio y mentes aturdidas.



Madrid, 3 de septiembre de 2009
Cristina García Barreto.

2 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Este poema lo leí, pero no deje comentario.. cuanto lo siento haberme perdido tantos poemas hermosos..

Un abrazo
Saludos fraternos

CRISTINA GARCÍA BARRETO dijo...

Gracias Adolfo,

sabes que siempre es un halago verte en mi ventana.

Mil gracias.
Un beso,
Cris.